viernes, 31 de marzo de 2023

Conversaciones sobre terapia sistémica: Claves para la Solución en Terapia Breve (8)

 




En esta entrada se presenta la clase 11 del módulo de Claves para la Solución en Terapia Breve del curso de terapia sistémica del proyecto de formación continua del Equipo de Terapia Familiar Zoquipan. Se revisa el trabajo de Steve de Shazer sobre el concepto de Llaves maestras.  Se recuerda al lector que las actividades formativas se pueden seguir en vivo desde Facebook.  Las reuniones son los miércoles alrededor de las 20:00 en la página de Conversaciones Sistémicas.










Modelo de Coterapia en la Terapia breve sistémica

 



En esta entrada compartimos el modelo de coterapia y cómo incluirla en el enfoque de la terapia breve sistémica. Se propone una definición del concepto de coterapia seguida de una revisión de los criterios, los beneficios, los obstáculos a superar en la práctica de la coterapia. Al finalizar, se enumeran una serie de intervenciones basadas en el modelo de la Coterapia.   

Cabe señalar que este escrito está basado en las experiencias del autor en la coordinación de equipos de Coterapia en el programa de “Terapia Familiar en las Comunidades” de Oxigene Servicios Múltiples para la Familia A.C.   


¿Qué es la Coterapia?

La Coterapia es una práctica psicoterapéutica caracterizada por la presencia de dos terapeutas coordinando un grupo terapéutico, una sesión familiar, una terapia de pareja o una terapia individual.

 

Consiste en una relación cooperativa, que brinda una mutua supervisión continuada del tratamiento, posibilita el acuerdo y el mutuo enriquecimiento proporcionando apoyo mutuo.

 

Criterios para la Coterapia

 

Compartir un modelo de terapia

 

Arbenoiz y Justine (2006), recomiendan que “exista una congruencia entre los enfoques en la medida que todos los enfoques, espistemológicamente, no responden a los mismos paradigmas y tienen visiones e interpretaciones particulares de cómo se logra el cambio de cómo ven y manejan las resistencias o “cegueras”, e incluso, el modo particular en que “confrontan” a los clientes.

 

Compartir un modelo de terapia les brinda a los terapeutas la oportunidad de “hablar en el mismo idioma” y asimilar los aspectos epistemológicos del enfoque en un proceso de aprendizaje continuo.  

 

Tener un nivel de desarrollo homogéneo

 

Esteban Laso (2020) menciona que “para convertirse en terapeuta no basta con que el aprendiz aprenda a actuar como tal; ha de pensar como terapeuta, relacionarse con los consultantes como terapeuta –y, eventualmente y merced al esfuerzo y la experiencia, experimentarse como un terapeuta. De modo que es posible observar que el terapeuta se desarrolla a través de niveles de expertise, definidos por la complejidad relativa del concepto con el que entiende el proceso de hacer terapia. Laso propone 5 niveles a saber: principiante, practicante, terapeuta, experto y maestro.

 

Que los miembros de la pareja de coterapia se encuentren en el mismo peldaño en la escalera de desarrollo del terapeuta facilitará el proceso de aprendizaje cooperativo en el cual los terapeutas desarrollan nuevas ideas y conocimientos del modelo de terapia mediante la construcción colectiva del conocimiento común propiciando el desarrollo de competencias personales e interpersonales.

 

Además, se coincide con Arbenoiz y Justine (2006) en lo que respecta a su interés de “que el tema del poder y su ejercicio en la terapia esté resuelto y no sea la sesión de terapia con la familia o pareja, el sitio en el que el tema del poder se venga a resolver”

 

Tener el mismo poder de decisión y las mismas atribuciones y responsabilidades en el proceso de la terapia fomentará relaciones de tipo horizontal. Entendiendo por horizontalidad “una situación psíquica y social, interior y exterior al sujeto, en la cual ningún hombre anula la libre expresión de otro, de manera que todos pueden manifestarse sin hallar un obstáculo en el otro, sino más bien un apoyo para el propio crecimiento” (Santos, 2006) 

 

Compromiso

 

El ejercicio de la coterapia implica para los terapeutas contar con un nivel de compromiso en la práctica. La disposición de tiempo extra para tratar los casos antes y después de cada sesión para poder ponerse de acuerdo sobre qué metas se trabajarán o qué otra herramienta se utilizará.

 

Arbenoiz y Justine (2006) advierten que esta disposición es de particular importancia, ya que la misma determinará y exigirá, en la medida de lo necesario, que los terapeutas escojan movilizar los objetivos hacia otras direcciones o elijan moverse de un determinado enfoque hacia otro que mejor acoja las necesidades de los clientes.

 

Elección por afinidad

 

Se basa en la evidencia de que la afinidad se caracteriza por altos niveles de intimidad y convivencia, generalmente en grupos cercanos, también conocidos como grupos de afinidad y de que el antagonismo o la no afinidad de intereses u opiniones, dificultan las relaciones entre los seres humanos.

 

Además, coincidimos “puede ser importante elegir a un compañero con el que haya un equilibrio razonable entre los aspectos que se comparten y los que diferencian. De esta forma, hay un entendimiento de base sobre el que resulta posible desarrollar una complementariedad” (Ruiz y Palacios, 2019)

 

Beneficios de la Coterapia

 

Relatividad: posibilidad de ver con “varios ojos” los mismos fenómenos

 

Cuando ambas terapeutas observan el mismo caso cada una de ellas aporta sus propios conocimientos sobre situaciones perturbadoras y sobre soluciones, basándose en resultados previos.

 

La coterapia hace posible una visión poliocular del proceso de terapia. Las diferencias entre descripciones de los terapeutas dan lugar al surgimiento de ideas. Menciona De Shazer (1994) que:

 

“Metafóricamente, este proceso es semejante al de la visión en profundidad. El ojo derecho ve las cosas a su modo, y al mismo tiempo el ojo izquierdo las percibe de modo distinto. La diferencia entre las visiones de ambos ojos conduce al logro de la percepción de la profundidad. No queda duda de que no se trata de que el ojo derecho esté en lo correcto mientras que el izquierdo se equivoca, o viceversa”.

 

 Es importante enfatizar que de ninguna manera la construcción de un terapeuta es "correcta" mientras que las ideas del otro son "erróneas". Sus puntos de vista son sólo diferentes; esas diferencias son útiles y alientan la creatividad.

 

Aemás, se coincide con Pedrals et all (2007) cuando menciona que “el trabajo conjunto hace posible que los terapeutas puedan rescatarse de actuaciones antiterapéuticas o aportar otra mirada al caso en el cual están trabajando”

 

Apoyo mutuo y contención de las emociones del terapeuta

 

Para los terapeutas principiantes la angustia de los primeros casos, los abandonos y emancipaciones del proceso terapéutico constituyen importantes retos en el desarrollo de su formación como profesionales de la salud mental.

 

La coterapia puede funcionar como estrategia de autocuidado, apoyo mutuo y contención emocional. Trabajar en coterapia brinda a los terapeutas la oportunidad de compartir la responsabilidad de un caso y disminuir el estrés asociado que puede significar ser responsable único del tratamiento de un paciente de mayor complejidad (Pedrals et all, 2007)

 

Además, el trabajo en binas supone cierta delegación mutua, ambos terapeutas confían en que lo que uno no pueda entender lo entenderá el otro y esto produce una sensación de sentirse acompañado, que facilita enormemente el trabajo en la sesión (Laudo, 2016)

 

En conclusión, la coterapia fortalece el sistema terapéutico para los clientes y sus metas y ofrece confort y sostén también para los terapeutas ante el impacto de las realidades que se van develando en el mismo proceso de estar en terapia. Por tanto, la coterapia también representa un modo eficaz de prevenir el desgaste emocional y profesional del terapeuta.

 

Aprender a trabajar en equipo: respetar las diferencias, llegar a acuerdos, comunicarse efectivamente, etc.

 

Laudo (2016) advierte que “el trabajo en coterapia permite que la contratransferencia pueda hacerse más consciente ya que puede verbalizarse en un espacio compartido después de la sesión, lo cual ayuda a su elaboración, disminuyendo los riesgos de colusión con la familia, o de contra actuación por parte de los terapeutas”

 

La coterapia representa un espacio privilegiado para el desarrollo de habilidades de trabajo en equipo. En este espacio, los terapeutas dirigen “sesiones conjuntamente sin que ello implique repartir las intervenciones al cincuenta por ciento, ni distribuir tareas. Las aportaciones más bien hay que sentirlas en el alma, en la necesidad del grupo y en la complementariedad con el otro. Para trabajar juntos hace falta encuentro y renuncia. Codirigir idealmente, aunque en la práctica no sea del todo posible” (Ruiz y Palacios, 2019)

 

Pedrals et all (2007) refiere que, entre estas habilidades está el respeto que “es un elemento vital en el trabajo en equipo, si éste existe no puede haber un terapeuta que esté en lo correcto y el otro equivocado, son diferencias de mirada, incluso de paradigma cuya resolución depende de los profesionales sin involucrar al paciente”

 

Modelo de función de equipo para la familia

 

Por isomorfismo, la presencia de los dos terapeutas en las sesiones de terapia conjunta determina una dinámica diferente que recrea el grupo familiar. Los miembros del sistema familiar se pueden comportar de forma semejante al modelo de equipo de coterapeuta.  

 

Evidentemente, como sucede con los padres en la familia, la coterapia es un trabajo en equipo basado en la cooperación. Laudo (2016) refiere que la coterapia “ofrece un modelo de pareja de terapeutas que asume funciones de pensamiento y contención para atender las funciones parentales dañadas. Una pareja que dialoga, que afronta los conflictos y no los evita.”

 

Arbenoiz y Justine (2006) puntualizan la importancia del modelado de roles:

 

“La posibilidad de que la familia sea testigo de los ajustes y diferencias entre los terapeutas y la posibilidad, con este hecho de que los terapeutas se hagan vulnerables ante la familia; constituye un elemento práctico para utilizar la coterapia como herramienta de intervención.”

 

Permite moverse con facilidad desde una posición cercana, intermedia o distante con respecto a la familia

 

Para Minuchin (1981) resulta esencial que el terapeuta se sienta cómodo en diferentes niveles de participación. “Cualquier técnica puede resultar útil, según el terapeuta, la familia y el momento”. A veces deseará desprenderse de la familia; otras veces adoptará una postura intermedia y obrará como un instructor; en otros momentos se enzarzará en la contienda haciendo alianza con algún miembro de la familia.    

 

En este sentido Arbenoiz y Justine (2006) exponen que “Los coterapeutas deben estar dispuestos a ejercer algunos niveles de coparticipación de manera más activa con los clientes. Deben estar dispuestos a establecer límites claros, a circunscribir las respuestas a las preguntas y a poder confrontar amorosamente al otro, sin que estas posiciones mermen la calidez, la contención y sostén que brindamos; que en última instancia no deja de ser una situación ideal de maternaje o paternaje simbólico, en la que aceptamos al otro tal como es e invitamos al otro a que nos acepte tal como somos.”

 

Para Whitaker (1992), la coterapia ofrece a los terapeutas una posición de mayor seguridad frente a las resistencias del caso. Varios son los ejemplos: evita que la postura de los terapeutas se vea comprometida, evita que el terapeuta tome parte con algún miembro de la familia, evita que se distraiga con transferencias que le activen argumentos de su propia familia de origen, también ayuda a evitar que el terapeuta se aleje de la familia para adoptar mayor distancia emocional de sus conflictos.

 

Por último, la coterapia puede ser una herramienta que facilite el desarrollo de la dimensión de la seguridad dentro del sistema terapéutico.  Ayudar a los miembros de la familia a tener la sensación de que se puede manejar el conflicto familiar sin daños y que no es necesario estar a la defensiva. En este sentido Laudo (2016) subraya que “cuando existe miedo al descontrol de la agresividad, la familia necesita confiar en la fortaleza de los terapeutas, que resultará más fácil siendo dos”

 

 

Dificultades a superar

 

         La lucha por el liderazgo y sentimiento de desplazamiento.

 

Ruiz y Palacios (2019) abordan el tema de las rivalidades en la coterapia:

 

 “En todas las relaciones horizontales surgen aspectos competitivos y rivalidades que en algunas ocasiones terminan con la relación. Entre colegas pueden comprometer incluso la tarea. La relación de coterapia precisa de admiración que no es lo mismo que idealización. Entendemos la idealización como una emoción más próxima al enamoramiento de fases iniciales y le atribuimos a la admiración un elemento de realidad que supone el aprecio de las cualidades del otro sin menospreciar las propias”

 

Los terapeutas, a través de la confianza y la convivencia sana, van logrando una relación en la que predomine la colaboración sobre la competición. El diálogo entre los terapeutas es clave ya que disminuye el miedo, favorece la apertura y la confianza en el otro.

 

En espacios de supervisión y acompañamiento a los terapeutas puede ser importante promover el reconocimiento de los recursos y lados fuertes del compañero de coterapia y la escucha empática. El aprecio mutuo junto a la comunicación son antídotos y recursos que permite neutralizar rivalidades y agresividades, de las cuales nunca estamos exentos”

 

“El reparto de roles entre los terapeutas resulta especialmente interesante y eficaz cuando es flexible y dinámico”

 

         Confusión y poca claridad en la comunicación

 

Un reto importante cuando se practica la coterapia resulta la comunicación entre los miembros del equipo. Los errores en la comunicación más comunes suelen darse por falta de tiempo para retroalimentar y planear las sesiones del proceso de terapia y suponer lo que el otro está pensado.

Ruiz y Palacios (2019) comparten sus experiencias en el uso de la comunicación en el modelo de coterapia:

 

“Durante la gestión y posterior desarrollo del grupo de formación, nos hemos reunido una hora a la semana para compartir análisis, ideas y aspectos técnicos relacionados con este proyecto. En este sentido, tiene un aspecto de intervisión. También, a veces, incluye compartir aspectos emocionales y personales relacionados con el trabajo. Cuando comenzamos con las sesiones grupales, establecimos lo que quedamos en llamar nuestro tiempo pre y postsesión. Nos reunimos unos veinte minutos antes y después de la sesión de grupo para revisar nuestros análisis y expectativas”

 

         Falta de congruencia entre los terapeutas

 

Los miembros de la pareja de coterapia actúan como un equipo con funciones compartidas y coordinadas. La práctica los compromete a llegar a acuerdos y a mostrarse congruentes con la información que se comparte a los miembros de la familia.

 

Con respecto a esto, Arbenoiz y Justine (2006) mencionan que “así como la “química” es importante también es importante lo que se hace para que el sistema funcione, la responsabilidad, el estar formándose continuamente, el compromiso hacia la terapia, etc. No resulta mágico, detrás de un sistema coterapéutico exitoso hay esfuerzo, respeto y dedicación.”

 

La pareja de terapeutas necesita ponerse de acuerdo sobre el tipo de cambio que se quiere promover o el tipo de cambio que los clientes están dispuestos a realizar o aquellos que sus realidades y recursos les permiten. También se ponen de acuerdo con respecto a las estrategias que se utilizarán para lograr estos cambios esperados, la forma de venta de la intervención y el rol que jugará cada uno en el proceso terapéutico.  

 

         Es más costosa económicamente

 

Resulta evidente que el tener un terapeuta más para los casos que se atienden en una institución o en un contexto privado aumenta los costos de forma considerable. La mayoría de las instituciones y los centros privados privilegian el aumento de la productividad de los profesionales de salud.

 

 Sin embargo, contrario a lo que se podría pensar, Goldman (1998) comparó los costos de una terapia integrada, donde un psiquiatra se hacía cargo del tratamiento farmacológico y psicoterapéutico, y un trabajo en coterapia donde dos profesionales trabajaban en conjunto con un mismo paciente, llegando a concluir que el tratamiento en coterapia no era más oneroso que el tratamiento efectuado por un mismo profesional.

 

Algunas intervenciones

 

         Hacer una pausa para elaborar juntos la devolución

 

         Comentar lo que sucede durante la sesión que sirva de mensaje indirecto para la familia (La técnica de “Te lo digo Juan, para que me escuches Pedro”)

 

         Intercambiar hipótesis para conceptualizar el caso

 

·         Expresar su mutuo desacuerdo para que la división de opiniones motive a la familia a tomar decisiones (con la técnica del equipo terapéutico dividido)

 

·         Trabajar simultáneamente con diferentes miembros o subsistemas de la familia

 

 La coterapia también ofrece una ventaja cuando la atención, ya sea a nivel familiar o en pareja, en algún momento demanda la atención de algún o algunos miembros a nivel individual, el sistema terapéutico se puede dividir para realizar tales intervenciones.

 

Conclusiones

 

Hasta aquí hemos revisado una serie de pautas para el uso de la coterapia desde un modelo de terapia breve sistémica. Se concluye que es posible implementar programas de entrenamiento en el trabajo co-terapeútico, lo que es enriquecedor tanto para el paciente como para los mismos terapeutas. En este sentido, se coincide con Ruiz y Palacios (2019) en lo que respecta a que “la coterapia tiene un potencial de crecimiento y aprendizaje muy poderoso para los terapeutas y para el resto de los componentes del grupo”.

 

Además, la coterapia es una modalidad terapéutica utilizada con alguna frecuencia por distintos terapeutas en situaciones especiales, particularmente álgidas o con familias multiestresadas de tal manera que pueda representar una estrategia de supervivencia capaz de prevenir el desgaste emocional en el terapeuta.

 

Referencias bibliográficas

 

Adriana Pedrals et all (2007) Práctica psicoterapéutica: el desafío de la coterapia. Rev Gaceta de Psiquiatría Universitaria. 2007; 3; 3: 327-330

 Arbenoiz, Carmen y Justine, R. (2006) Aplicabilidad y sistematización del proceso terapéutico de la coterapia utilizando modelos postmodernos: heterogeneidad, sinergía y recursividad.

De Shazer, Steve (1995) Claves para solución en terapia breve. Paidós. Barcelona.

 Laudo, Isabel (2016) La coterapia: una adaptación técnica en psicoterapias con familias de riesgo. Cuadernos de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente, 2016;62, 55-57

 Ruiz, Mónica y Palacios, L (2019) La coterapia, el contigo en el grupo. En Norte de salud mental, 2019, vol. XVI, nº 60: 13-20.

 Santos Gómez, Marcos. (2006). La horizontalidad de las relaciones humanas y la tolerancia. Utopìa y Praxis Latinoamericana11(34), 79-90.

 Urrutia, Jorge (2017) Adaptación de las Intervenciones Terapéuticas para su uso en la Terapia de Parejas Constructivista Cognitiva. Universidad de Chile, Facultad de Ciencias Sociales, Carrera de Psicología.

 Whitaker, Carl (1992) Meditaciones nocturnas de un terapeuta familiar. Paidós. Barcelona.



lunes, 6 de marzo de 2023

Conversaciones sobre terapia sistémica: Claves para la Solución en Terapia Breve (7)

 




En esta entrada se presenta la clase 10 del módulo de Claves para la Solución en Terapia Breve del curso de terapia sistémica del proyecto de formación continua del Equipo de Terapia Familiar Zoquipan. Se revisa el trabajo de Steve de Shazer sobre el concepto de Totalismo.  Se recuerda al lector que las actividades formativas se pueden seguir en vivo desde Facebook.  Las reuniones son los miércoles alrededor de las 20:00 en la página de Conversaciones Sistémicas.