En esta se explora la metáfora del boro en la
terapia breve centrada en soluciones. En un primer momento se define la
práctica del boro como una técnica cargada de filosofía e identidad propia.
Enseguida se relaciona esta práctica milenaria con las conversaciones que se
tejen en la práctica clínica desde un modelo orientado a soluciones. Para
finalizar con una serie de claves para el uso de esta metáfora en el proceso de
terapia.
El
boro: memoria, uso y reparación
El boro es una práctica textil japonesa
de origen antiguo (siglos XVIII-XIX), desarrollada por campesinos y pescadores
en contextos de escasez material. Frente al desgaste inevitable de la ropa, la
respuesta de las clases trabajadoras no era el descarte, sino el remiendo
cuidadoso. A través de puntadas visibles, capas superpuestas y retazos de telas
diversas, las prendas se prolongaban en el tiempo. Cada intervención añadía
historia, textura y resistencia.
La
técnica boro (que significa "algo andrajoso" o
"hecho jirones") se usaba para remendar mantas y kimonos de trabajo (noragui)
debido a la falta de acceso a seda y algodón nuevo. Las prendas se heredaban,
añadiendo capas y parches durante generaciones. Está ligado al concepto de mottaini (respeto
por los recursos y evitar el desperdicio) y a la estética wabi-sabi,
que encuentra belleza en la imperfección, la asimetría y la pátina del tiempo.
En
el boro, el desgaste no se interpreta como fracaso, sino como señal de uso y de
vida. La prenda no regresa a su estado original; se transforma en algo
distinto, funcional y singular. La belleza no reside en la perfección, sino en
la continuidad, en la
posibilidad de seguir habitando lo que ha sido remendado.
El
modelo centrado en soluciones
La Terapia Breve Centrada en Soluciones
surge como un enfoque conversacional que desplaza el énfasis del problema hacia
los recursos, las excepciones y las capacidades del consultante. Desarrollada
por autores como Steve de Shazer
y Insoo Kim Berg, esta perspectiva
parte del supuesto de que las personas ya cuentan con elementos útiles para el
cambio, aunque no siempre los reconozcan como tales.
Desde
este modelo, la intervención terapéutica no se orienta a corregir déficits ni a
reconstruir exhaustivamente el origen del sufrimiento, sino a identificar
momentos en los que el problema tuvo menor influencia, decisiones eficaces,
acciones intencionales y relatos alternativos que pueden ampliarse.
La
metáfora del boro aplicada a la conversación terapéutica
La
metáfora del boro permite comprender la terapia como un proceso de remiendo narrativo.
El consultante suele llegar con una historia saturada por el problema: una
narrativa que ya no abriga, que limita la percepción de sí mismo y de sus
posibilidades. Sin embargo, incluso en estos relatos, existen fragmentos
valiosos: excepciones, micro-logros, actos de resistencia cotidiana.
La
labor terapéutica consiste en rescatar esos retazos y ponerlos
en relación. Las preguntas centradas en soluciones funcionan como la aguja que
atraviesa distintas capas de experiencia, uniendo fragmentos dispersos en una
trama más amplia. Las costuras —lejos de ocultarse— se vuelven visibles: el
consultante puede reconocer cómo ha participado activamente en la construcción
de su propia historia.
Así
como el boro no elimina las marcas del uso, la terapia no busca borrar el dolor
ni negar el sufrimiento. Se trata de integrarlo
dentro de una narrativa donde también existen competencia, aprendizaje y
continuidad vital.
Claves
clínicas para “remendar” historias en la práctica terapéutica
Desde
esta metáfora, pueden extraerse algunas orientaciones concretas para la
práctica clínica:
a)
Buscar retazos existentes. Explorar excepciones,
momentos de alivio, decisiones eficaces y conductas intencionales que ya forman
parte de la experiencia del consultante. Ejemplo:
Una madre consulta porque “ya no puede con su hijo; todo el
tiempo hay conflictos”. En la exploración surge que los domingos por la mañana
suelen desayunar juntos sin discusiones.
Terapeuta: “¿Qué pasa los domingos que hace que las cosas
sean un poco distintas?”
Consultante: “Estamos menos apurados… y yo no le grito.”
Terapeuta: “Ese momento parece un retazo importante. ¿Qué
de lo que haces ahí podría repetirse, aunque sea un poco, entre semana?”
El retazo no es el domingo completo, sino la forma de estar
de la madre.
b)
Hacer visibles las costuras. Nombrar
explícitamente cómo el consultante ha unido experiencias difíciles con acciones
útiles, fortaleciendo su sentido de agencia. Ejemplo:
Un adolescente refiere ansiedad escolar, pero cuenta que
aun así asiste a clases y entrega tareas.
Terapeuta: “Cuando la ansiedad aparece y aun así decides ir a la escuela,
¿qué estás haciendo tú para sostenerte?”
Consultante: “Supongo
que… me obligo.”
Terapeuta: “Yo
lo escucho como una costura: la ansiedad está ahí, pero tú la unes con
responsabilidad. No cualquiera logra eso.”
La intervención hace visible la puntada que el
consultante ya ha dado.
c)
Privilegiar lo utilizable sobre lo explicativo. Construir relatos que funcionen en la vida cotidiana, más
que narrativas completas o teóricamente exhaustivas. Ejemplo:
Un adulto busca entender “por qué siempre fracasa en
relaciones”. La conversación comienza a estancarse en explicaciones del pasado.
Terapeuta: “Más allá de por qué ocurre, ¿qué haces tú cuando notas que
una relación empieza a deteriorarse?”
Consultante:
“Antes me quedaba. Ahora me retiro antes de explotar.”
Terapeuta:
“Ese cambio ya es una prenda distinta. ¿Cómo te gustaría usarla en la próxima
relación?”
No se niega la explicación, pero se elige coser algo que sirva ahora.
d)
Honrar el desgaste sin absolutizarlo. Validar
el sufrimiento sin convertirlo en identidad ni en destino. Ejemplo:
Una mujer se define como “depresiva” tras varios episodios
difíciles.
Terapeuta: “Con todo lo que has vivido, tiene sentido que haya
cansancio.”
(pausa)
Terapeuta: “Y al mismo tiempo, noto que sigues cuidando a tus hijos y
buscando ayuda. ¿Qué dice eso de ti además del desgaste?”
Consultante:
“Que… no me he rendido del todo.”
El desgaste se reconoce, pero no se convierte en la tela completa.
Como
en el boro, la terapia breve centrada en soluciones no pretende restaurar una
tela original inexistente, sino acompañar el arte de remendar lo vivido. Cada
conversación añade una puntada; cada excepción, un retazo. El resultado es una
historia distinta: no perfecta, pero suficientemente fuerte para seguir siendo
habitada.
Referencias
bibliográficas
de Shazer, S. (1985). Claves
para la Solución en terapia breve. Paidós.
de Shazer, S. (1994). En un
origen las palabras eran magia. Gedisa.de Shazer, S. (1991). Putting
difference to work. W. W. Norton & Company.
de Shazer, S., Dolan, Y.,
Korman, H., Trepper, T., McCollum, E., & Berg, I. K. (2007). More than
miracles: The state of the art of solution-focused brief therapy. Haworth Press.
Berg,
I. K., & Miller, S. D. (1992). Trabajando
con el problema del alcohol: orientaciones y sugerencias para terapias de
familia breves. Gedisa.
Lipchik, Eve (2004)
Terapia centrada en la solución: más allá de la técnica. Amorrortu. Buenos
Aires.
White, M., & Epston, D.
(1990). Medios narrativos para fines terapéuticos. Paidós. Barcelona.


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