lunes, 27 de junio de 2016

Objetivos de la Terapia Breve Sistémica orientada a soluciones 2/3



    Para profundizar en los objetivos de la terapia breve sistémica centrada en Soluciones se presenta en esta entrada una viñeta de caso que sirve de ejemplo para entender el propósito de:

Cambiar la forma de percibir el problema


   Pedro es un adolescente de 17 años derivado al servicio de terapia por el coordinador académico de su bachillerato que estaba preocupado por sus constantes episodios de ira. - Es un pequeño Hulk- nos anunciaba mientras nos describía el caso- Lo peor es que no mide consecuencias y termina dañado o dañando a los demás.

Durante la sesión Pedro nos confirmó la información de su coordinador y describió de manera detallada el ciclo problemático de los episodios de ira:

-          Al convivir con sus compañeros de clase percibe que alguno de sus compañeros es victima de alguna injusticia por parte de otro.
-          Lo defiende y la discusión que se produce lo lleva a experimentar enojo
-          El enojo se intensifica y lo experimenta cómo incontrolable (“Ya no sé de mí”)
-          Se conduce de manera impulsiva y genera daños físicos a la integridad de su contrincante y a él mismo.

En su relato constantemente resaltaba que sus reacciones las consideraba involuntarias y no se veía como una persona capaz de controlarlo.

Le preguntamos por la buena razón por la que defendía a sus compañeros. Su respuesta fue contundente: una historia de abusos y agresiones le habían hecho prometerse a si mismo no permitir jamás otra injusticia, aunque esto significara defenderse con uñas y dientes.

Al regresar de una pausa con el equipo terapéutico comentamos a Pedro nuestra impresión de saber   como se había convertido en un verdadero paladín de la justicia y que lamentabamos que esto mismo ahora le trajera problemas con su coordinador. Le compartimos, también, una preocupación del equipo:

“cuando tu defiendes a capa y espada a tus compañeros que son tratados injustamente en realidad das dos mensajes. El primero es una clara manifestación de apoyo y aprecio. El segundo es un terrible “Te defiendo por que eres incapaz de hacerlo por ti mismo””

“En este sentido no queda claro quien se comporta más injustamente: Si los compañeros que lo molestan o quién les arrebata la posibilidad de aprender a defenderse por si mismos”

Después de unas semanas, el coordinador nos refirió que los episodios de ira habían cesado. Pedro comenzaba a utilizar otros métodos para ayudar a sus compañeros a defenderse de las injusticias.


     El caso ilustra de forma conveniente la sentencia de Epitecto: “no son los hechos los que nos hacen sufrir, sino la opinión que tenemos de ellos”. Sólo bastó con cambiar el marco de referencia del joven alumno para generar un cambio en su comportamiento y con ello permitir que experimentara y estimulara sus potencialidades y recursos no utilizados hasta el momento. Para lograr estos fines, la terapeuta, puede apoyarse de la técnica del reencuadre que consiste en proponer un punto de vista distinto de una determinada conducta o situación para que al percibirla de forma distinta, el consultante puede actuar también de forma diferente.